lunes, 3 de junio de 2013
domingo, 26 de mayo de 2013
¿Cómo ha afectado la discusión a mi comprensión de la obra?
Nunca me había planteado la
cuestión de cómo una obra había cambiado algo en mí, de cómo me había hecho
pensar de manera diferente o ver algo que antes no había visto.
Me he dado cuenta que la obra de Süskind me
ha llevado a reflexionar y a pensar que realmente estamos influidos por la
sociedad que nos rodea. En este caso el autor nos ha permitido al largo de la
obra ver e indagar en aquello que nos hace plenamente humanos y a su vez,
reconocibles a nuestros semejantes. Y es aquí cuando pensé, realmente, nunca me
había dado cuenta de cómo es de importante el olor, utilizamos muchísimos
productos, para, de alguna manera, camuflar parte de nuestra propia esencia.
Puede que lo hagamos inconscientemente y por ello digo que estamos
influenciados por nuestro entorno. Esto son acciones que ya desde pequeño nos
inculcan, acciones que en muchas ocasiones hacemos porque otros las hacen.
La sociedad, el lugar donde vivimos, de donde venimos, adonde vamos. En este caso,
París. ¿Por qué en París? Porque, era y es considerada la cuna de los perfumes
y eso nos permite reconocer la manera en que nos ha presentado la acción el
autor, la manera más perfecta y a su vez, antitética. La que nos permite oler
sin ser olido, guiarnos por lo intangible, Grenouille y su don, la perfección
de la ciudad en comparación con los propósitos de uno de sus habitantes; amor,
odio, asco, belleza. El espacio y el tiempo que entrevemos a lo largo de la
obra, le dan algo muy peculiar que tan solo un verdadero creador, podría
conseguir. El creador de la psicología de sus personajes, el creador de una
historia, y de aquello que ha llegado a nosotros mediante el arte, el arte de
crear, y cambiar.
Todo ello es causado, provocado y creado por palabras. Las sensaciones,
emociones y experiencias que hemos vivido a lo largo de la obra han sido
transmitidas por ellas mismas a través de lo negro sobre blanco, del don que
puede manipular al ser humano; las palabras. Alguna vez he oído; ‘’ quien domina
las palabras, domina al ser humano’’ y, en cierta manera, puede que sea así. El
arte de saber hablar, escribir y a su vez leer y escuchar para luego, con todo
ello, crear la combinación más perfecta de todas, la que uno mismo le da a su
propia vida a través, de su propio don.

miércoles, 22 de mayo de 2013
La sentencia como acto de amor
Resumen
La
sentencia puede ser un acto de amor. Debe, no obstante, contener la noción de
alteridad y
estructurarse con base en la narración. Justicia sin amor es poco humana
y solamente
instrumental, una vez que se distancia de la solidaridad y se funda en el
egoísmo. La
poesía puede contribuir para que se entienda el lado humano de la Justicia.
Introito
La
sentencia puede ser un acto de amor, pero antes que todo debe también acoger la
noción de alteridad y estructurarse en base a la narración. La vida de un
hombre sin amor es la subsistencia de un alma sin historia, la versificación de
un poema sin metáforas,la argumentación de un proceso sin personajes. La
justicia sin amor tiene poco de humana y es fríamente instrumental, porque
rechaza la solidaridad y se afianza en el mero egoísmo. Aquí un conjunto de
poemas desde la justicia, que devotamente se entregan al estilo de un aplicado
cronopio.
La
Justicia de la alteridad
Muchos
consideraban a Jean-Baptiste Grenouille como un monstruo, porque carecía de
todo tipo de aroma y no albergaba en su corazón ninguna clase de sentimiento,
por lo que su único objetivo en la vida consistirá en fabricarse un perfume que
lo dote de aquél atributo humano del cual estaba desprovisto. Esta es la trama
de la novela El Perfume, del escritor Patrick Süskind (1993, p. 223),
que nos permite indagar sobre aquello que nos convierte en seres humanos y nos
hace reconocibles entre nuestros semejantes. ¿Acaso la metáfora de un hombre
sin aroma puede revelarnos la necesidad de una justicia de la diferencia? Lo
cierto es que la pretensión de Grenouille esconde la exigencia de mayor
humanidad en un mundo completamente deshumanizado, la urgencia de amor en un sistema
plagado de injusticias, y la reconfiguración de las sentencias a partir del
reconocimiento de la vida. Para Ricoeur (1997, p. 14) la virtud de la justicia
se establece a partir de una distancia con el otro, tan originaria como la
relación de proximidad ofrecida en su rostro y en su voz, acaso también en su
aroma; por lo que el lugar filosófico de lo justo se encuentra en el
deseo de una vida lograda con y para los otros en medio de instituciones
justas. De esta forma, según este filósofo, es necesario entablar una dimensión
dialógica entre el sí mismo y el otro a través de la institución encarnada en
el personaje del juez, y cuyo propósito no es instaurar lo bueno ni lo legal,
sino lo equitativo en situaciones de conflicto (Ricoeur, 1997, p. 26). Así la
justicia viene ligada al deseo integral de vivir bien con respeto a los
derechos de los demás y considerando al otro como un ser humano igual a uno
mismo y susceptible de ser juzgado por la justicia no con los ojos vendados,
sino plenamente conciente de que se trata de una persona que merece ser tratada
con dignidad y respeto a sus derechos. El ingreso a la alteridad permite
reconstruir el tejido roto de la justicia con la sociedad, de las instituciones
con el hombre común, de los sentimientos del juez en relación con las partes,
para develar el trasfondo profundamente autoritario a que responde la justicia
sin rostro de los tribunales contemporáneos. En estas circunstancias no es
entonces casual encontrar criminales sin olor, víctimas sin voz, litigantes sin
alma, todos ellos exigiendo unánimemente un poco de sensibilidad y quizás algo
de comprensión a sus dramas personales. La metáfora de un hombre sin olor es en
gran medida menos dramática a la de un juez sin corazón.
miércoles, 15 de mayo de 2013
''La naranja mecánica''
La distopía en La
naranja mecánica
Definimos
distopía como; sociedad consecuente de tendencias sociales actuales y que
llevan a situaciones que se consideran indeseables. El término fue acuñado como
antónimo de utopía.
En su
propio título ya vemos que se refleja una especie de crítica del comportamiento
o de la sociedad que se presenta en la película ‘’La naranja mecánica’’,
refiriéndose a la presencia de una maldad tan extrema que es capaz de subvertir
la naturaleza.
Pasando a
la película, a la historia, vemos como presenta una sociedad en la que los
vicios se han exagerado, una sociedad llena de criminales sin corazón, sin
piedad, que solo tienen un objetivo en su vida; cumplir todos sus deseos, sea
cual sea su precio. El protagonista no es sino víctima de un aspecto muy
importante de la distopía a la que da lugar la película, la falta de libre
albedrío, la falta de elección, la pérdida de esta mediante técnicas que
destruyen la voluntad del hombre. Podríamos hablar a su vez de la represión que
ejercen los órganos de la sociedad en la película, de los órganos de represión
como tales.
“La Naranja Mecánica” es el reflejo
sarcástico e irónico de cómo los países entrenan criminales para mantener el
orden en la sociedad, tomando la palabra “orden” como la castración de la
creatividad y a su vez, del libre albedrío.
Podemos apreciar la metáfora final
como si el autor hubiera querido hacer ver que a pesar de todos los esfuerzos,
la naturaleza humana siempre sigue un curso y llega a su fin, sea cual sea este,
y este mismo es el que nace de cada uno y es el que nosotros mismos implantamos
en nuestra sociedad.
sábado, 27 de abril de 2013
martes, 23 de abril de 2013
Mi experiencia onírica
Si en el primer acto de la obra Calderón presenta a los personajes
principales, Segismundo y Rosaura, y su doble conflicto — la pérdida de la
libertad por decreto del rey Basilio y la recuperación del honor perdido de la
hija de Clotaldo— es al final del segundo y en el tercero en los que la imagen
funciona como recurso dramático y, al mismo tiempo, como motivo literario que
incita a la reflexión filosófica. El acto III, desarrolla la lección moral de
la comedia: la razón debe triunfar sobre las pasiones.
Quien se guía por las apariencias cae en el error; quien es capaz
de confiar en su entendimiento, confía en la recta razón y puede desarrollar la
constancia necesaria para sobrevivir a la manera del sabio estoico. El
aprendizaje de Segismundo se articula en este reconocimiento de la falsedad de
la opinión, y en la aceptación de la suprema autoridad y bondad de la verdad.
Desde una visión neoestoica se habría argumentado en la época que el rey
Basilio fue culpable de mayor error que Segismundo, Basilio descuida la
educación del príncipe, olvidando que todo ser humano debe estar preparado para
enfrentar la vida, mundo de los principios de una moral individual, sin la cual
no es posible actuar sensatamente en la sociedad.
La proyección política de La vida es sueño habría
sido percibida en la época a través de la representación dramática de la total
ausencia de diálogo del monarca con su legítimo heredero, actitud insensata que
sin duda pronosticaba, más certeramente que las estrellas, que Segismundo sería
incapaz de funcionar en el teatro social, porque no se le había enseñado el
arte de prudencia que debía gobernar la conducta de todo buen rey.
El camino a la prudencia es la sabiduría, que se obtiene, sin
duda, a través de las letras. Sólo el verdadero sapiens, modelo ideal que Séneca y
otros estoicos querían que gobernase la vida de los que educaban, es capaz de
reconocer la fantasía de los sentidos, vencer las pasiones y entregarse al
ejercicio de una vida virtuosa y, si es gobernante, al de la acción política.
Por tanto, las quejas de Segismundo, aunque también muestran la soberbia
incontrolada que lo domina, revelan al mismo tiempo que Basilio no había
cumplido con su deber.
Al final del segundo acto vemos que dice:
Segismundo, que aún en sueños
no se pierde el hacer bien .
no se pierde el hacer bien .
Esto construye en perfecto diálogo con las teorías neoestoicas
cristianas. El monólogo demuestra que Segismundo duda de la autenticidad de lo
que no había considerado sueño el día pasado en palacio. Por tanto, «la
experiencia le enseña» que «el hombre que vive, sueña/ lo que es hasta
despertar». En la economía del drama calderoniano, esta experiencia del engaño y
el subsiguiente desengaño, constituyen los primeros pasos del
aprendizaje del dominio de sus emociones, y la requerida prudencia.
Motivo reiterado en la literatura moral y satírica del siglo xvii, el concepto de desengaño estaba
íntimamente ligado a la teoría del conocimiento de los estoicos. En este discurso
filosófico, representaba el paso en el que la mente, la razón, rechazaba las
apariencias falaces de las cosas. Cervantes hace decir, por tanto, a Don
Quijote en la aventura de las Cortes de la muerte.
Vemos personificado el mismo Desengaño en figura alegórica, ya que
será el nombre del viejo arrugado de «El mundo por dentro» de Quevedo, sátira
compuesta hacia 1612 pero publicada con otros cuatro Sueños y discursos en
1627. Su función es reírse de la ingenuidad de un sujeto que se deja embaucar
por los tipos y situaciones con los que se topa en la calle mayor del mundo,
que se llama, dice, Hipocresía. Esta es la función que cumple el sueño mismo en
la comedia calderoniana, con el que Segismundo aprende que el rey sólo sueña
que es rey, que su poder y el aplauso que recibe es «prestado, en el viento
escribe/ y en cenizas le convierte la muerte». Que el rico sólo sueña con su
riqueza, y que en conclusión «todos sueñan lo que son,/ aunque ninguno lo
entiende».
Continuamos nuestra presentación diciendo que, la vida es una
comedia decían los viejos estoicos, y así Epicteto; el mundo, un teatro; los
hombres, representantes.
La metáfora que relacionaba las imágenes
oníricas con las escenas de una obra teatral era obviamente tópica, pero no por
ello menos sugerente. La leemos en un temprano soneto amoroso de Góngora, que
es, a la vez, imitación de una poesía de Torquato Tasso: «el sueño (autor de
representaciones)/ en su teatro, sobre el viento armado,/ sombras suele vestir
de bulto bello».
Como habían enseñado Artemidoro y
Macrobio, había que buscar el origen de esos sueños en los vanos pensamientos
que angustiaban al hombre despierto y así lo afirmaba Góngora en el primer
cuarteto.
En La vida es sueño, la lección ética corona la
trayectoria de Segismundo.
Más aún, insiste, lo importante es obrar bien, que no
debe perderse «ni aun entre sueños». Hasta el final de este tercer acto,
Segismundo irá reiterando lo aprendido de su maestro, el sueño: sus temores y
dudas, su voluntad de cambio.
Entretanto, Segismundo reconoce que si la
vida es ficción imaginada, tan breve que desaparece antes de que quien la vive
se percate, puede afirmarse que es sueño, como también había declarado Quevedo.
La vida es sueño, como sabemos, fue la comedia de Calderón que más ediciones,
traducciones, refundiciones e imitaciones tuvo entre 1647 y 1781 en Alemania,
los Países Bajos, Francia e Italia. Más allá de su evidente eficacia artística,
parece plausible suponer que contribuyó asimismo a su popularidad el hecho de
que la tópica sobre la que Calderón había construido su obra cifraba las
inquietudes ideológicas de los hombres educados de aquellos tiempos.
Concluyo estas reflexiones sobre la metáfora de La vida es
sueño y sus reverberaciones neoestoicas, retornando a Borges, esta vez
para citar unas frases pronunciadas en un ciclo de conferencias dedicadas a la
imaginación onírica, una de sus obsesiones ideológicas. Borges permitió que se
publicaran en una colección que llevaba el título Siete noches.
Para el salvaje o para el niño los sueños
son un episodio de la vigilia, para los poetas y los místicos no es imposible
que toda la vigilia sea un sueño. Esto lo dice, de modo seco y lacónico,
Calderón: «la vida es sueño». Y lo dice, ya con una imagen, Shakespeare:
«estamos hechos de la misma madera que nuestros sueños»; y espléndidamente, lo
dice el poeta austríaco Walter von der Vogelweide, quien se pregunta (lo diré
en mi mal alemán primero y luego en mi mejor español): «Ist es mei
Leben geträumt oder ist es wahr?» «¿He soñado mi vida, o fue un sueño?». No está seguro.
domingo, 14 de abril de 2013
Playing for a change
Hemos tenido la oportunidad de escuchar 4 canciones
relacionadas con la iniciativa de, educar para el cambio y aprender de ellas,
aprender mediante su interpretación, la que cada uno les ha dado y con ello,
tal vez reflejamos, lo que cada uno quiere aprender. Debemos ser conscientes de
que ese cambio del que habla depende de
todos y cada uno de nosotros, asumámoslo, podemos conseguir lo que queramos,
pero como las canciones, al menos a mí, me han transmitido, debemos hacerlo,
intentarlo, partiendo de una serie de pilares, de principios y compartiendo nuestra
propia cultura e ideas. Esos pilares, al igual que las canciones, habrán sido
interpretados de maneras muy diferentes y nos habrán llegado de maneras
distintas. Cada canción, como cada persona aporta o puede aportar muchas cosas
al mundo, no todas ellas serán las mismas. La diversidad de ideas, de
conocimientos de maneras de ser… Aporta tal riqueza al mundo que debe
considerarse como un tesoro, las diferencias, en parte mantienen esas ganas de
vivir, de conocer, de crecer. Aspectos que en las canciones vemos reflejados;
esperanza, alegría, fuerza, entusiasmo, emoción y por encima de todo
cooperación y energía. Y tal vez quieran aportar exactamente eso; energía, para
luchar. Cooperación, para hacerlo juntos.
Las canciones pueden hablarnos por si solas, el título ya lo
hace; naturaleza, tranquilidad, esperanza, todo se repite, siempre es lo mismo,
pero al fin y al cabo ese todo depende de nosotros. Tenemos la capacidad para
conectar con nuestro mundo, aprovechémosla, demostremos que sabemos usarla, que
somos capaces de superar obstáculos, de ir más allá, hasta donde deseemos,
hasta donde nuestra imaginación, esperanza o fuerza, llegue, hasta donde la
llevemos.
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